Mientras la gente hace deporte, yo me paseo por La Caracola con un gran tarro de café, un cigarrito y mi amiga Mig.



Aunque no es una playa como para irse a disfrutar un domingo de sol, mar y salitre (pocas playas de Porlamar lo son), La Caracola es la playa más grande de Porlamar (1,5 Kms) y es considerada el mejor lugar para darse caminatas, montar bici, patinar, trotar o pasear al perro. Pero a mi se me antoja que es el lugar ideal para acercame a la natura, a mi misma y sacar de mi cabeza preocupaciones y rollos existenciales que a veces bailan un tanguito por mi vida.



La gente nos mira raro... todo el mundo con su mono de ejercicio, en shorts, en franelillas y yo voy con mi vestimenta cotidiana... Mig y yo buscamos un montoncito de piedras y alli nos sentamos, a hablar de cuanto tópico se nos ocurra y a disfrutar de un maravilloso atardecer.

Es una bendición vivir en esta Isla y a veces me doy cuenta lo poco que la disfruto. Me he comprometido a visitar este boulevard de palmeras, arena, brisa y mar para dedicarme una horita a mi misma y olvidarme de casi todo. Cuando regreso a casa, los problemas siguen alli, pero tienen tonalidades naranjas, amarillas y rosadas...