Ayer me levanté sabiendo que me habían cortado el teléfono y, por ende, el servicio de Internet. Me tomé todo el tiempo del mundo para beberme mi primer cafecito del día, vestirme y salir a pagar el teléfono. Me da de todo pensar que el domingo lo pasaré en casa sin Internet.

Le pongo su correa a Euro y me lo llevo conmigo. Me monté en el autobús y el chofer me dice mientras me voy sentando:


Dogbus
-“El perro también paga su pasaje”
-“Ok”- contesté – “pero entonces ocupa un asiento”



Con mi cara bien lavada senté a Euro a mi lado y no en mis piernas como suelo hacerlo. Al poco tiempo el chofer me dice:

-“¿No lo va a bajar?”
-“No”
-“¿Por qué?
-“Porque él también paga su pasaje”
-“Por favor, señorita, no lo puede tener ocupando un asiento”
-“Entonces, sólo yo pago mi pasaje”

Y diciendo esto me monté a Euro en mi regazo. No sé si el señor estaba hablando en serio o no, pero estoy segura que no se esperaba una respuesta como la mía. No saben cómo me reí imaginándome al señor cobrándome el pasaje de Euro y mi adorable perro meándose en su piernas mientras nos bajábamos.